viernes, 14 de octubre de 2011

El punto de partida de todas las cosas

El punto de partida de todas las cosas



El punto de partida es el origen de todo, y el origen de todas las cosas es uno mismo. Uno mismo se crea y recrea en el espacio-tiempo todo su mundo, como el ilusionista que crea artificialmente efectos en apariencia maravillosos e inexplicables mientras desconoce la causa que los produce.

Cuando experimentamos creamos una línea que va desde nuestro ser a la creación y hacemos una separación de ambas, cuando las dos son lo mismo formando un todo. Con la línea llegamos a un tercer punto que es la definición de la experiencia. De manera que tenemos una trinidad: observador-objeto observado-creencia/idea/mente. Así todas las cosas forman una trinidad: Padre-Hijo-Espíritu Santo,  creando una religión,  Rezo-Iglesia-Dios, creando el cristianismo/budismo/islamismo/judaísmo. Medico-hospital-enfermo, crean la Sanidad. Profesor-escuela-alumno, crean la Educación. De esta manera nos definimos y hacemos diferenciación y separación del origen, es decir nuestro ser.

Esta visión que ofrecen muchas escuelas de conocimiento y algunas científicas nos hablan de esta misma realidad donde no hay separación entre el observador, lo observado y el objeto de observación. Todo es lo mismo por ser el sí mismo. La dificultad estriba cuando tenemos que aplicar este principio donde nuestro Ego, nuestro yo, está identificado consigo mismo antes que con la totalidad.

Así el conocimiento se convierte en basura al no tener ninguna incidencia en nuestra vida, de aquí el fracaso estrepitoso de las diferentes escuelas y religiones para realizar un cambio profundo, irrevocable y duradero en el mundo que habitamos. De aquí la inutilidad de la mente para realizar este cambio.

Es lo físico donde podemos apoyarnos para que toda vida sea valorada como una e igual. Será el momento, no de entender, sino de ser uno y todo en el aquí y ahora. Será el momento del cambio real de la humanidad donde los conflictos serán eliminados por el principio de “amar al prójimo como a ti mismo”, donde el sentido común sea lo que es mejor para todos. 

La semejanza abogada por la religión es la igualdad, donde toda vida tenga el mismo valor sin tener en cuenta su lugar de nacimiento, donde sea apoyada fisicamente para su desarrollo, sin necesidad de creencias, sin necesidad de ideas, sin necesidad de religiones que nos separen a nosotros mismos de nosotros mismos. Insisto no con la mente, con la fisicalidad.


Aquí una ayuda practica:
Enfocarnos en nuestro respiro de Vida como quienes Realmente somos nos permite permanecer Aquí, sin permitir que alguien o algo fuera de nosotros mismos desvíe nuestra atención con propósitos de control. Es dirigirnos a nosotros mismos y no permitirnos ser dirigidos.