lunes, 10 de octubre de 2011

La voluntad divina


La voluntad divina



Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado creer en la “voluntad divina”.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado pensar que las creencias son la manera de solucionar los problemas de nuestro mundo físico.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado pensar que el mundo físico necesita de la orientación del sistema de la mente para erradicar el sufrimiento humano, cuando el origen del sufrimiento humano son la mente, las ideas y las creencias.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado creer que las doctrinas religiosas y las escuelas new age podrían enseñarme lo que es la “voluntad divina”.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado creer que la voluntad divina es lo mejor para mí y para todos los seres de la Tierra, debido a su presunta inteligencia “superior”.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado creer que la voluntad divina pueda realizarse en este mundo fisico.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado creer que la voluntad divina además de conocimiento, era una experiencia personal de aquellos que han sido considerados como adeptos/maestros/gurús.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado querer reproducir el camino realizado por otros personas que cumplían la presunta voluntad divina, y que fomentaban la separación con los demás, describiendo que para llegar a conocer esa voluntad divina el individuo tenía que llegar a un “estado de conciencia” o de iluminación, cuando su “estado” ha sido inútil para mejorar la vida en la Tierra.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado creer que desarrollando diferentes estados de conciencia o diferentes estados alterados de la mente podría tener la visión de la divinidad y conocer su voluntad sobre mí.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado pensar que cualquier tipo de voluntad es algo separado de mí mismo.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado pensar en la voluntad divina como algo separado de mí, cuando lo que yo soy es uno e igual a todo en la vida.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado el diseño de la mente sobre la voluntad divina.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptar ese diseño como la claudicación de mi responsabilidad, de mi co-creación y de mi voluntad.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado pensar que todos los males de mi vida eran por no estar en sintonía con la voluntad divina, que suponía el sentido último de mi vida.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado sentirme inferior a todo aquello que las doctrinas me decían sobre la voluntad divina al no llegar a cumplir todos sus mandamientos.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado sentirme estúpido por no comprender como la voluntad divina actuaba en los acontecimientos de la vida.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado responder con estados anímicos de tristeza/rabia/amor/felicidad/miedo en función de mi cumplimiento con la voluntad divina. Cuando lo que hacía era dar más energía a ese programa de la mente, manteniendo su existencia como algo que me definía y aceptaba como yo mismo.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado creer en el miedo al sufrimiento como manera de aceptar la voluntad divina.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado creer en el diseño del miedo de mi personalidad como elemento paralizante en el desarrollo de mí ser.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado pensar que si yo aceptaba la voluntad divina podría experimentar la  comprensión de la vida desde el punto de vista del creador del universo.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado pensar que yo soy algo separado al universo.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado pensar que hay una mente universal separada de mí que me puede explicar cómo funciona el universo y yo mismo.
Me perdono a mi mismo por haberme permitido y aceptado el diseño de la mente universal como inteligencia superior, haciendo la separación de lo superior e inferior, de lo que está arriba y lo que está abajo, de lo que está afuera y de lo que está dentro. Cuando eso solo es un programa del sistema de la mente que se carga con la energía de nuestros pensamientos y sentimientos.


La “voluntad divina” no es más que un programa de la matrix/sistema/mente que la vemos como algo que nos controla y le damos poder. De esta manera somos esclavos de su diseño, utilizando la energía de la mente de millones de personas a lo largo de la historia de la humanidad para mantener ese sistema. Yo me manifiesto libre de ese diseño, afrontando mi vida con aquello que he ido aceptando y permitiendo como la mente, no separándome a nada que tiene vida en este mundo y universo, expresándome en unicidad e igualdad con todo, como la vida.

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